¿Qué tipo de relación tienes con Dios?
- Isaiah Sanabria
- 4 ago
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Hay una pregunta que he tenido que hacerme y que sigo haciéndome todos los días:
¿Qué tipo de relación tengo realmente con Dios?
¿Es una relación en la que solo paso tiempo con Él en días especiales? ¿Cada quince días? ¿O quizás únicamente los domingos?
Mientras crecía, recuerdo que me sentía bien cuando lograba ir a la iglesia todos los domingos. Pensaba que estaba haciendo lo correcto y que eso era lo que Dios quería de mí, porque era lo que mi mamá me había enseñado. Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que ella me enseñó mucho más que simplemente asistir a la iglesia. Sin embargo, yo solo me quedé con una parte de todo lo que ella trató de inculcarme.
Para mí, ir a la iglesia cada domingo significaba que Dios estaría contento conmigo.
Claro, también oraba cuando las cosas iban mal o cuando estaba pasando por momentos difíciles. Pero esas conversaciones con Dios casi siempre ocurrían únicamente cuando necesitaba algo.
Así fue mi relación con el Señor durante muchos años, incluso en mi vida adulta.
Hoy puedo mirar hacia atrás y entender por qué me alejé tantas veces.
La verdad es que Dios no ocupaba el primer lugar en mi vida.
Él no era mi prioridad.
Todo cambió cuando entendí que Dios no me estaba llamando simplemente a asistir a una iglesia; Él me estaba invitando a tener una relación personal con Él.
Piensa en tu mejor amigo o en ese familiar que tanto amas. Esas relaciones no crecen porque se vean una vez por semana. Crecen porque pasan tiempo juntos, conversan, se escuchan y deciden invertir el uno en el otro.
Nuestra relación con Dios no es diferente; de hecho, es muchísimo más importante.
Él merece ser el primero en quien pienso al despertar y el último con quien hablo antes de dormir.
Jesús dijo:
"Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente." — Lucas 10:27
Entonces, ¿cómo fortalecemos nuestra relación con Dios?
La respuesta es mucho más sencilla de lo que muchos imaginan.
Como cualquier relación saludable, requiere tiempo e intención.
Hubo un tiempo en el que pensaba que tener una relación cercana con Dios significaba hacer oraciones largas y muy formales que duraban horas. Tal vez porque crecí en iglesias donde las reuniones de oración parecían no terminar nunca. Y aunque no hay nada malo con las oraciones largas, eso no es lo que define una verdadera intimidad con Dios.
Dios no está buscando perfección.
Está buscando tu corazón.
Habla con Él.
Escúchalo.
Lee Su Palabra.
Adóralo.
Dale gracias.
Entrégale tus preocupaciones, tus victorias, tus fracasos y tus sueños.
Mientras más tiempo pases con Él, más reconocerás Su voz y experimentarás Su paz.
Uno de mis momentos favoritos del día es después de terminar mi entrenamiento en la mañana. Me gusta sentarme en silencio o salir a caminar un momento mientras hablo con Dios. Y durante el resto del día continúo esa conversación mientras conduzco, durante mis descansos en el trabajo o cada vez que alguien viene a mi mente y siento el deseo de orar por esa persona.
Esos momentos dejaron de ser una simple rutina.
Se convirtieron en una relación.
La Palabra de Dios nos recuerda:
"Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes." — Santiago 4:8
¡Qué promesa tan maravillosa!
Ahora quiero hacerte la misma pregunta que un día tuve que hacerme:
¿Qué tipo de relación tienes con Dios?
¿Es alguien con quien solo hablas una vez por semana?
¿Una vez al mes?
¿Solo cuando la vida se pone difícil?
¿O es tu compañero diario?
Si sientes que aún no estás donde quisieras estar, no te desanimes.
Empieza hoy.
Haz una oración sencilla.
Lee un capítulo de la Biblia.
Dedícale cinco minutos de silencio.
Invítalo a ser parte de tu rutina de cada mañana.
Poco a poco, esos pequeños momentos se convertirán en hábitos, y esos hábitos se transformarán en una relación profunda que cambiará tu vida.
Dios nunca ha dejado de buscarte.
Siempre te escucha.
Siempre está presente.
Siempre está esperando que te acerques a Él.
Y puedo asegurarte algo:
No existe una relación más importante que la que puedes construir con tu Padre celestial.
"Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes." — Santiago 4:8


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